Cultura / Literatura Española

Unamuno y las mujeres

Memoria de Unamuno en Fuerteventura XIX

Unamuno y las mujeres.

Ideas iniciales sobre el acercamiento del autor al mundo femenino.

Siempre he sentido una gran perplejidad hacia la figura de Miguel de Unamuno, sus múltiples contradicciones y famosas polémicas. Si bien conocía las repercusiones de su obra literaria, lo estudié algo más desde el ámbito de la filosofía. Es por ello que prevaleció en mi recuerdo su exacerbada religiosidad, y esto, unido a la excentricidad de su peculiar carácter, puede que ayudaran a instalarse en el imaginario colectivo una idea suya de misoginia, como pude comprobar a lo largo de las sesiones y que argumentaré un poco más adelante en el desarrollo de esta memoria.

Cuando descubrí por casualidad que se programaba el curso “Unamuno y las mujeres” me interesó mucho al tiempo que, de forma inconsciente, sentía el riesgo de revalidar mis prejuicios. Pero sin duda, a medida que profundizaba en la lectura del programa, tenía clara una cosa: claramente, iba a des-aprender en ese curso, en el sentido más positivo del término. De lo contrario, no tenía ningún fundamento crear una jornadas sobre esta temática. No iba desencaminada.

Voy a estructurar esta memoria en dos grandes bloques. El primero estará centrado en la relación del autor con mujeres reales (exceptuando el ámbito familiar), y por tanto, fundamentado en la primera conferencia de Josefina Cuesta. Bajo mi punto de vista fue todo un acierto abrir las jornadas con este contenido histórico, ya que aportó claves muy reveladoras para entender en profundidad la personalidad de Unamuno y las verdaderas implicaciones del tema a tratar.

El segundo bloque tendrá por objeto desgranar la temática de la que se vale el autor para retratar el universo femenino en sus obras y profundizar en el original tratamiento literario que hace de la mujer, descrito a lo largo de las jornadas.

Unamuno y las mujeres de “carne y hueso”

Josefina Cuesta nos habló con claridad y apasionamiento sobre la correspondencia femenina que recibía Unamuno. Nos disponíamos a mirar a través de un espejo, por seguir la metáfora que a ella misma le sugería, a las mujeres de una realidad pasada gracias a las palabras que éstas dirigieron al literato. Era la única ponencia que iba a retratar a mujeres reales con las que don Miguel se relacionó.

No pude evitar rememorar la idea de la “intrahistoria” durante toda la charla, sin ser consciente aún del origen de la misma. El término hace referencia a todo conocimiento histórico al que se llega tras el estudio de pequeñas vivencias, y como buena aficionada a la historia, me apasionaba. Descubrí posteriormente, sin cierto asombro, que era un termino que acuñó precisamente Unamuno, y así lo hice pues, como manifestaba la propia Concha Espina en una de sus cartas al escritor, la realidad suele superar a la ficción con creces.

La conferencia de Josefina constituía un acto de regresión al pasado propio de la “intrahistoria” y que seguramente habría conmovido al propio escritor, tan aficionado por otro lado a las paradojas. La investigación de la correspondencia femenina de Unamuno no ha hecho más que empezar; el tema de la charla se aviva. Ya hay un libro, “Unamuno y las mujeres”, que se dedica al estudio del ámbito familiar, pero hasta ahora nadie se había centrado en el resto de remitentes. En esta primera sesión lo haremos de la mano de quien, hasta el momento, conoce mejor los documentos.

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Josefina Cuesta y Marcial Morera durante las jornadas celebradas en la casa del exilio de Fuerteventura de Miguel de Unamuno.

Aparecen las cifras: Hay un total de 575 interlocutoras (sin contar con la familia) que suponen casi el 10% del total de la correspondencia recibida por Unamuno durante casi 40 años, en el periodo comprendido entre 1.898 y 1.934. No está nada mal si tenemos en cuenta la tasa de alfabetización de la época, el 35% de la sociedad de entonces, y considerando que el índice femenino era claramente menor al masculino, ya que el servicio militar obligatorio se encargó de elevar el índice de alfabetización entre estos últimos, como bien apuntó Josefina.

Comienza la radiografía de la época. Nos encontramos ante una buena muestra representativa de las mujeres privilegiadas del momento, una población selecta que se encontraba en el reducido porcentaje de alfabetizadas: en su mayoría burguesas de clase alta aunque también estudiantes, mujeres del teatro, periodistas (o publicistas como se las llamaba entonces) y hasta una obrera autodidacta, el gran descubrimiento de la jornada.

En este punto la sesión adquiere un cariz muy femenino, especialmente después de una introducción previa masculina y ante un público que, hay que reconocer en este caso con alegría, era bastante igualado en cuestión de género.

La conferencia se torna de lo más interesante. La ponente conoce a la perfección el contexto de la época y la biografía de muchas de las protagonistas de la correspondencia, y lo más emocionante, aún no ha podido leer todas hasta la fecha, por lo que el estudio sigue abierto y pueden surgir más sorpresas. Josefina reconoce entonces que esperaba más correspondencia de destacadas figuras de, al menos dos generaciones de intelectuales, si bien las apariencias engañan y todo, al fin y al cabo, guarda interés histórico.

El estudio de este material se encuadra dentro del ámbito privado, ya que estos documentos reflejan relaciones de naturaleza íntima. Intentamos descubrir de qué manera el autor se relacionaba con el género femenino, a través de su correspondencia, para poder discernir de una manera más exacta la naturaleza del tratamiento literario que hace de ellas.

Gracias al estudio llevado a cabo por Josefina sabemos que existía una relación bastante estrecha y de igualdad entre Miguel de Unamuno y muchas de sus contemporáneas, al menos tras poder acceder a una buena muestra. Hay que tener en cuenta el dato al que hacíamos referencia anteriormente: el 10% de la correspondencia de Unamuno estaba escrito por mujeres, por tanto, es una cifra muy significativa de la naturaleza de las relaciones que éste mantenía con el género opuesto, al tratarse de relaciones bastante frecuentes.

Aunque es cierto que la mayor parte de las respuestas de Unamuno no se han conseguido recuperar, la forma en la que las mujeres se dirigen a él a lo largo de varios escritos señalan afecto, respeto y cercanía. Algo que, sin duda, solo puede concebirse en el marco de un trato recíproco, especialmente cuando las misivas se prolongan en el tiempo, tal y como señala Josefina.

Las motivaciones de las cartas son muchas y variadas: desde peticiones de empleo o solicitud de autógrafos hasta ofrecimientos de traducciones, y las más estremecedoras, las que le piden que interceda para apoyar a familiares que sufrieron represalias por temas políticos.

En resumen, tras las explicaciones de Josefina Cuesta que es quien hasta ahora conoce mejor el contenido de las misivas, y después de ver una buena muestra de las mismas, podemos concluir que existía un grado de cordialidad, confianza y respeto frecuente entre el autor y mujeres que no pertenecían a su círculo familiar.

El tratamiento literario de lo femenino

Propongo en este segundo bloque un acercamiento a los temas de los que se sirve Unamuno para presentarnos a sus personajes femeninos, y así poder exponer una idea global de lo que este tratamiento sugiere. Me gustaría destacar que estas apreciaciones no son de ninguna forma definitivas, ya que me baso fundamentalmente en lo comentado en las conferencias y no en un conocimiento directo de la lectura de las obras.

El matrimonio: Tema desarrollado por Marcial Morera en el contexto de “Nada menos que todo un hombre” y visto en contraposición con otra pieza de similar temática, “La Regenta” de Clarín. Esta comparación nos permite ver cómo Unamuno no se limita a elaborar una obra realista, sino que pretende ir más allá de la mera descripción. a partir de un desarrollo novedoso de la trama y la evolución de los personajes.

La finalidad última de esta novela sería invitar a la reflexión sobre la importancia vital del matrimonio, entendida como una institución maternal por excelencia. La novedad del autor consiste en hacer responsable del fracaso matrimonial a la parte masculina, por dos motivos principales: la incapacidad del hombre de comunicar sus sentimientos y su falta de compromiso.

Esto supone una ruptura con la tradición literaria anterior, ya que Unamuno convierte al hombre en el responsable último del descalabro, y lo condena al suicidio finalmente en esta obra. En este caso, ya el mismo título hace referencia precisamente a la singularidad del texto, centrándose en el rol masculino, frente a otros referentes como “Ana Karenina”, “Madame Bovary” y “La Regenta” a la que hacíamos referencia antes, centrados por el contrario en la figura femenina.

De lo visto en la charla, me gustaría destacar de igual manera la modernidad que me sugiere la visión que la protagonista femenina tiene de la belleza como algo negativo y su resistencia a ser “cosificada”, característica que confiere un grado de profundidad en el personaje muy importante.

La expiación: Tema desarrollado por Jose Antonio Ramos en el contexto de “Fedra. Ya desde el inicio, el ponente destaca el atrevimiento de Unamuno con la elección de tal personaje: históricamente rechazado por su tratamiento del pecado desde un punto de vista femenino, y por tanto, profundamente incómodo para autores masculinos y público general.

Sin embargo, la transgresión del autor va más allá del tratamiento de un personaje conflictivo, puesto que además resuelve la historia con originalidad y disidencia. De hecho, la Fedra de Unamuno no se sitúa en el mundo clásico, sino enmarcada en el cristianismo, para provocar una cercanía mayor en sus coetáneos. Así, se sirve de una situación límite para suscitar una reflexión sobre el concepto de la expiación, y unirla a la catarsis final tras la exposición del espectador al máximo pecado imaginado. Y todo ello desde la perspectiva femenina, rompiendo a su vez un doble tabú, esto es, toda vez que el varón es sujeto pasivo y no activo del conflicto.

Jose Antonio destaca la tentativa de Unamuno dentro de un contexto histórico en el que, los regeneracionistas, usaban la autonomía de la mujer como elemento esencial de reivindicación. Fedra es consciente de su pecado pero además no se arrepiente, solo alcanza a rezar en sus momentos de debilidad, y esa es la grandeza del personaje: su conciencia del mal indican redención, pero también una complejidad y profundidad únicas en su tratamiento. Es por ello que su final no supone una muerte violenta de la protagonista, permitiendo así la verdadera expiación de su pecado.

La maternidad: Tema desarrollado por Ángeles Mateo en el contexto de “Raquel Encadenada”. Esta obra permite al autor desarrollar una de sus principales preocupaciones, lo efímero del ser humano. De ahí que se vea la maternidad como un medio para alcanzar la posteridad, y por tanto, la importancia que le confiere al asunto.

Una constante de Unamuno es la visión del papel de la esposa como “mujer madre” y su grandeza hace que veamos como, en el texto planteado, se subalternen los roles de subordinación de género. Esto da pie al retrato de un personaje femenino que consigue liberarse de sus cadenas al final de la obra, aunque solo sea por perseguir un objetivo tan tradicional como es la maternidad, pero que en este caso le había sido negada por su esposo. Por tanto, nos encontramos una vez más con un hombre que vuelve a ser castigado por no cumplir con sus obligaciones.

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Unamuno en 1925. Imagen de Wikipedia.

La metafísica: Aunque esta temática podría considerarse el principal motor de la obra de Unamuno, se trató en el contexto de “Niebla” por parte de Isabel Castells, en una pertinente sesión final que engloba el principal fundamento del tratamiento literario que se da a la mujer. En este contexto, y tras todo lo expuesto en los días anteriores, vemos como el escritor maneja en su obra la temática de las relaciones personales con el fin último de provocar un debate metafísico. Sin embargo, para poder explorar la naturaleza filosófica del género humano, la principal novedad de Unamuno consiste en valerse de mujeres reales frente al recurso literario del arquetipo femenino.

En cuanto a la manera de resolver esta novela, cuya estructura es por otro parte bastante singular, el escritor innova una vez más asimilando el acercamiento a la mujer idealizada con el amor maternal, volviendo a destacar una vez más esta esencia femenina. El interés de la historia es el drama metafísico surgido con la intervención del creador (el demiurgo que representa al autor en este caso) y no por el contrario la historia de amor, hecho que permite a Unamuno tomar distancia de los personajes para ofrecer una visión amplia.

Unamuno y su versión femenina ejemplarizante

Durante el transcurso de las sesiones hemos sido testigos de una constante común. Por un lado, la reticencia inicial de los ponentes a exponer el tratamiento literario de la mujer que hace Unamuno desde un punto de vista igualitario, y por el contrario, el reconocimiento posterior de su esfuerzo al ofrecer una visión singular y rupturista del género femenino a lo largo de todas las obras analizadas.

Me atrevería a exponer que en un plano subjetivo, la estrecha relación existente entre religiosidad y el desprecio por lo femenino ha contribuido negativamente a la imagen colectiva que se tiene del autor.

Es evidente que no se puede conceder a Unamuno una conciencia de género actual, más allá de su crítica a la actitud del hombre cuando no cumple con sus obligaciones, pero sí una visión amplia de la naturaleza humana al otorgar un papel muy destacado al universo femenino.

La importancia de la mujer en su obra radica en su papel para la maternidad, como lo más sagrado que permite al humano luchar contra la muerte y refleja el ideal del amor (el amor materno). Pero es cierto que existen ejemplos numerosos para pensar que el papel de las mujeres va más allá de un simple instrumento. Unamuno aporta una profundidad singular a los personajes femeninos, y muchas de las actuaciones que les atribuye rompen con los clichés de la época.

Si bien la finalidad última sea estudiar la naturaleza del género humano, existe un claro componente de liberación de la mujer con respecto al hombre. Todo un mérito para el contexto y el entorno literario del momento.

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